La trampa de Rath y el impactante destino de la tripulación (Phyrexia Parte 4).
El colapso místico del Reino de Serra otorgó a Urza el motor de maná blanco necesario para dar vida a su mayor obra, pero Phyrexia ya observaba desde las sombras. Mientras el artífice se obsesionaba con sus ecuaciones y sus proyectos genéticos en Tolaria, el Dios-Máquina Yawgmoth decidió golpear primero. Su objetivo no era Dominaria, sino desmantelar el Arma del Legado antes de que pudiera ser activada. Para lograrlo, los ingenieros phyreexianos prepararon una emboscada dimensional perfecta en el plano artificial de Rath, atrayendo a la tripulacion del vientoligero hacia una carnicería que fragmentaría sus almas para siempre.
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✨ Apoyar al ProyectoEl anzuelo de carne: El secuestro de Sisay
El dolor golpeó directamente al núcleo del Legado cuando la capitana Sisay fue arrancada de la cubierta de su nave. El responsable del rapto fue Volrath, el sádico gobernador Evincar de Rath. Este alto mando phyreexiano compartía un pasado oscuro con el mismísimo Gerrard Capashen, habiendo sido su hermano adoptivo bajo el nombre de Vuel antes de someterse a las cirugías de transmutación biológica de Phyrexia.


Para rescatar a su mentora, Gerrard asumió el mando del navío transplanar y reunió a una legendaria tripulación. A bordo de la nave se encontraban la guerrera felina Mirri, el comandante minotauro Tahngarth, el noble maldito Crovax, la brillante Hanna, el joven mago Ertai y el titán de plata Karn. Juntos cruzaron las grietas ciegas, sin saber que la tripulación marchaba directo hacia un matadero de alta ingeniería. La tensa unificación de este grupo quedó plasmada en la mesa mediante la carta legendaria Sisay, Weatherlight Captain.






El infierno cambiante de la Piedra de Flujo
Al romper la barrera planar, la nave se topó con los cielos de ceniza de Rath. Este no era un mundo natural; era un plano de bolsillo parásito donde inmensas fundiciones inyectaban flujostone (piedra de flujo) al núcleo de forma ininterrumpida. Esta materia cambiante y mutante aumentaba el tamaño del plano a cada segundo, preparándolo para colapsar físicamente sobre Dominaria.
La hostilidad de este ecosistema industrial asfixió los motores del navío, obligando a los héroes a avanzar a pie entre valles de metal reactivo. El terreno de juego clásico evoca este opresivo campo de batalla a través de la icónica tierra Rath’s Edge. Mientras intentaban avanzar hacia la Fortaleza de Volrath, los cazadores phyreexianos y los agentes durmientes comenzaron a diezmar a los invasores uno a uno.
Fuego en los cielos y el abordaje a la colmena
El avance hacia la guarida del Evincar se transformó en un infierno militar. Antes de que la tripulación pudiera poner un pie en tierra firme, los cielos de ceniza se encendieron con una violenta batalla entre naves voladoras. El navío de Gerrard fue interceptado por el Depredador (Predator), el acorazado insignia de Phyrexia comandado por el implacable Commander Greven il-Vec, el temible segundo al mando de Volrath. El abordaje fue brutal; Greven lideró el asalto personalmente, superando las defensas y logrando capturar al pacífico gólem de plata Karn y al impetuoso minotauro Tahngarth para arrastrarlos a las profundidades de la fortaleza.
Para rescatar a sus compañeros cautivos y a Sisay, los supervivientes de la tripulación tuvieron que infiltrarse en el complejo a través de las entrañas de la montaña. En estos pozos biomecánicos descubrieron una pesadilla biológica: los nidos de los Slivers, una especie exótica con mente de colmena que Volrath utilizaba como guardianes biológicos modificados. Los héroes tuvieron que luchar habitación por habitación contra estas criaturas capaces de compartir sus habilidades físicas mutantes en tiempo real, una icónica amenaza mecánica representada en el juego por la carta Sliver Queen.

El precio de la victoria y la caída de Crovax
En el corazón del complejo, Gerrard logró abrirse paso hasta la sala del trono para rescatar a la capitana Sisay y enfrentarse cara a cara con Volrath. El duelo de espadas entre los antiguos hermanos adoptivos fue devastador. Gerrard consiguió asestar un golpe decisivo que debilitó severamente el cuerpo físico del tirano, un choque heroico ilustrado en la carta blanca de remoción Smite. Sin embargo, la aparente victoria en el duelo desató una catástrofe interna en el grupo.

Mientras Volrath huía malherido hacia los laboratorios profundos, el noble Crovax, cuya mente ya estaba severamente contaminada por una maldición de maná negro e instigada por los susurros phyreexianos, sufrió un brote de locura absoluta. Al encontrarse con Selenia, el ángel guardián que él mismo había amado y que ahora servía de forma involuntaria a Phyrexia, Crovax se vio consumido por el sadismo de la novena esfera. En lugar de liberarla, levantó su arma y la masacró a sangre fría, un sacrilegio inenarrable contra la luz que quedó inmortalizado en la trágica carta de destrucción Death Stroke.
El precio del escape: El abandono de Ertai
Con Sisay recuperada a duras penas, Gerrard ordenó la retirada inmediata de la nave. Sin embargo, los daños estructurales y el acoso de las flotas orgánicas impedían que el motor de maná de Serra abriera el portal de salto. Comprendiendo la gravedad de la situación, el joven y arrogante mago Ertai se plantó firmemente en la cubierta, quedándose atrás en tierra para canalizar y mantener abierta la brecha interdimensional.
La nave logró cruzar el portal justo a tiempo, pero la brecha se cerró violentamente, dejando a Ertai completamente solo en los yermos de Rath. El talentoso hechicero fue rodeado de inmediato por las nuevas huestes del ascendido Crovax. Este dramático abandono dejó a la tripulación diezmada y psicológicamente destrozada, marcando el fin de su campaña en el plano de la piedra de flujo.
Sin embargo, el destino no les daría un respiro. Al salir del túnel interdimensional, los motores de la Weatherlight fallaron críticamente, arrastrando a la moribunda nave hacia las costas de un mundo desconocido. Mientras el navío caía en picada, los radares comenzaron a registrar las señales de una inmensa red mercantil: la nave se dirigía hacia Mercadia, un plano de comerciantes corruptos y agentes durmientes donde Phyrexia ya cocinaba la fase final de la invasión global, un misterio político que analizaremos a fondo en el próximo episodio.

