Amanecer Sobre Euphony Gorge
El amanecer sobre Euphony Gorge parece pintado a mano: azules profundos y violetas suaves mezclándose sobre el horizonte, atravesados por chispas de magia que flotan en el aire. Es el tipo de paisaje que cualquier artista Prismari querría capturar en un lienzo… si alguno estuviera despierto a esa hora.
En Summitfest, el gran festival de fin de curso, las noches de hechizos, caminatas y copas se encadenan durante semanas. La mayoría de estudiantes apenas ve la luz del sol antes del mediodía. Pero Rootha Squallheart no está ahí para dormir. Se ha despertado empapada en sudor por otra pesadilla tan vívida que aún cree oír el choque metálico de la invasión pirexiana cada vez que cierra los ojos. Necesita comprobar con sus propios sentidos que el plano sigue en pie, que no hay máquinas, que ya no hay nadie que dependa de ella.
El Eco De La Invasión

Rootha fue una de las cinco estudiantes que ayudaron a salvar Strixhaven durante la invasión. En los relatos oficiales es una heroína; en su memoria, se siente como el eslabón débil de un conjuro que solo salió bien porque otro tomó el peso que ella dejó caer. Desde entonces, la culpa y la ansiedad le han vaciado la vida social: se encerró en sí misma, dejó pasar la oportunidad de tener un nuevo asesor después de Nassari, y vive anclada a un campus que ayudó a salvar, pero donde ya no siente que encaje.
Sus pesadillas no son solo monstruos de metal: son recuerdos de Dean Nassari, mitad djinn de fuego, mitad víctima de la compleación, que en el peor momento supo exactamente qué palabras usar para romper su concentración y grabarle en la mente una idea corrosiva: que nunca sería suficiente, que no estaba a la altura de la imagen que los demás veían en ella.
Glassyk Y La Ballena Del Whale Trench
Buscando silencio, Rootha se aventura en la cresta del desfiladero al amanecer… y casi paga cara la decisión. Un mal paso, una cornisa que cede, y de repente está resbalando hacia el vacío. Solo un hilo de magia, lanzado al límite por un joven elfo que ella no conocía, detiene su caída y la deja colgando de la muñeca unos segundos antes de dejarla a salvo en una repisa mínima.

Su salvador se presenta como Glassyk, “Glass” para los amigos, y enseguida queda claro que su atención está muy lejos de la orca a la que acaba de rescatar. Mirando hacia el fondo de la grieta, Rootha descubre la verdadera obsesión del chico: una procesión de ballenas elementales, enormes criaturas de agua y magia que viajan por el angosto Whale Trench. Una de ellas, un colosal cetáceo azul cristalino, recibe de Glass un flujo constante de energía; es su proyecto de fin de curso, un experimento para sobrecargar al elemental y convertirlo en la estrella del espectáculo de Summitfest.
Rootha, con su instinto de maga veterana, siente que jugar así con el equilibrio interno de un elemental es como agitar una bomba sin manual de instrucciones. Glass, sin embargo, está demasiado seguro de su talento para escuchar advertencias de alguien que, a sus ojos, ni siquiera ha estado presente en Prismari el último año.
La Llama Viva Y La Vida Entre Carpas
De vuelta al campamento de Summitfest, el festival se despereza entre carpas rojas y azules, fuegos encendidos por arte y magia, y visitantes que no son ya alumnos sino artistas, exestudiantes y curiosos que han convertido el evento en un carnaval permanente. Presidiéndolo todo está la Musa, una colosal figura de piedra que mira al vacío desde la montaña. Nadie sabe con certeza quién la esculpió, pero todos parecen de acuerdo en que encarna el espíritu de Prismari: belleza, riesgo y espectáculo en equilibrio inestable.

Rootha comparte tienda con Kahri, una maga del viento que literalmente vive rodeada de instrumentos flotantes. Entre ambas hay una amistad tejida a base de ruido, paredes de sonido y la pragmática sinceridad de Kahri, que no duda en recordarle cuánto se ha aislado Rootha desde la invasión. Tras una ducha improvisada y vendas mágicas para las heridas, Rootha se refugia en su rincón de trabajo, donde guarda su secreto más preciado en una caja reforzada contra interferencias: la Llama Viva.
Se trata de una esfera de fuego contenido, un sol en miniatura que se enrosca alrededor de sus dedos y responde a su voluntad con una docilidad que raya en lo imposible. Es, con diferencia, el mejor hechizo que ha creado nunca: magia salvaje domada sin perder su esencia. Lleva terminado medio año, pero el miedo y la inseguridad le han impedido enseñarlo a nadie. Es una obra maestra hecha para ser mostrada… y sin embargo, sigue siendo su tesoro oculto.
Recuerdos Que No Cicatrizan
Mientras juega con la Llama Viva, los recuerdos la arrastran de nuevo a la Biblioplex, al círculo de invocación que debía expulsar a los pirexianos del campus. Vuelve a sentir el peso del hechizo en sus manos, la tensión en la voz de sus compañeros, el miedo a fallar cuando todo el plano depende de cinco estudiantes que ni siquiera son amigos cercanos. Y vuelve a ver aparecer a Nassari; no como el decano inspirador que conocía, sino como una figura de carne y metal cuyas palabras se clavan con más fuerza que cualquier garra biomecánica.
La idea de que fue su fallo –su ruptura en el círculo– lo que casi arruina el conjuro se ha quedado pegada a ella desde entonces, a pesar de que Quintorius logró sostener el ritual y, más tarde, se reveló como Planeswalker. Saber que alguien pudo compensar tu error no borra el error. Rootha ha construido su identidad entera desde ese momento sobre una certeza destructiva: si baja la guardia, si se atreve a brillar, volverá a dejar a otros cargando con las consecuencias.
La Galería, Los Viejos Títulos Y El Encuentro Con Nassari
Esa tarde, para escapar de sus propios pensamientos, Rootha acepta por fin la invitación de Kahri para visitar la galería de Spectacle Summit, un conjunto de caravanas, puestos y un bar al aire libre donde se cruzan músicos, pintores y artesanos mágicos. Entre música, chispas de magia y un suelo encantado que late como si fuera de piedra viva, por un momento Rootha recuerda quién era antes: una estudiante Prismari que vivía para las funciones, las charlas nocturnas y el vértigo de crear algo nuevo frente a una multitud.
Unos compañeros, algo bebidos, la reconocen como una de las “Campeonas de Strixhaven”, título que ella siente como una armadura que no le pertenece. Cada elogio es un recordatorio del punto donde estuvo a punto de romperse el conjuro; cada mención a Quint, a los caídos, a “la heroína”, es un pinchazo en una herida que nunca cerró. Cuando ve acercarse a Dean Nassari, sus llamas iluminando el borde de la pista como si fueran un escenario propio, su cuerpo entero se tensa esperando el juicio que nunca llegó tras la guerra.
Nassari, sin embargo, apenas la mira. Se detienen a ayudar a Kahri a limpiar una mancha de bebida con un gesto de magia precisa y elegante, sonríen… y se marchan sin dirigirle la palabra. Para Rootha, esa indiferencia duele tanto como cualquier reproche directo. Es como si el decano hubiera decidido que ya no merece su atención, que es una pieza averiada que ha quedado atrás mientras el resto de Strixhaven avanza.
La Ballena Desbocada
El siguiente estruendo parece, al principio, un hechizo fallido más del festival. Pero pronto queda claro que algo va terriblemente mal: una masa colosal de agua y magia se alza sobre la galería, oscureciendo el cielo y empapando a la multitud con ondas de choque líquidas. Es la ballena elemental del Whale Trench que Glass estaba alimentando por la mañana, ahora hinchada hasta un tamaño desproporcionado y completamente fuera de control.
El elemental gira y se retuerce sobre Spectacle Summit, descargando torrents de agua que arrasan caravanas, apagan chispas de arte y amenazan con convertir toda la plataforma en un lago barro y restos. En su interior, apenas visible cuando el monstruo se voltea en el aire, flota la silueta encogida de Glassyk, atrapado en el corazón del hechizo que ya no domina. Cada nuevo intento del joven mago por recuperar el control solo empeora la inestabilidad del elemental.
Fuego Contra Agua: la Noche de la Llama Viva
Nassari reacciona de inmediato. Se abre paso entre la multitud, alza la mano y lanza lenguas de fuego hacia la ballena, intentando evaporar parte de su masa y obligarla a perder cohesión. El resultado es peligroso: el agua que cae al suelo lo hace hirviendo, levantando nubes de vapor y poniendo en riesgo a los propios espectadores que intentan huir hacia la Musa y las zonas altas del campamento.
Rootha, mientras refuerza apresuradamente barreras improvisadas para proteger a Kahri y a quienes tiene cerca, ve claro lo que Nassari acaba de admitir en voz alta: su fuego, por poderoso que sea, no basta solo para detener al elemental sin abrasar a medio Summitfest en el proceso. Es entonces cuando una posibilidad, casi olvidada, se asoma entre el miedo y la culpa: la Llama Viva.
La esfera de fuego contenida responde al llamado antes de que ella termine de formularlo. La magia se enrolla en torno a su brazo como un látigo de luz incandescente, brillando aún más que las llamas del propio Nassari. Por primera vez desde la invasión, las miradas de ambos se cruzan no como maestro y alumna resentida, sino como dos magos conscientes de que, solos, no bastan. Nassari tiende la mano; Rootha la toma. Y todo se convierte en fuego.
Más tarde, los testimonios de lo que ocurrió variarán: algunos dirán que vieron serpientes de fuego ascendiendo hasta envolver a la ballena; otros jurarán que fue una única columna ardiente, como un cometa, la que perforó el corazón del elemental y lo deshizo en una lluvia de vapor. Todos coinciden en dos cosas: la Noche de la Llama Viva se convirtió en leyenda, y nadie murió. Ni siquiera Glass, que acabó con algunos huesos rotos y una lección brutal sobre los límites entre ambición y control.
Después Del Incendio: disculpas y segundas oportunidades
Cuando Rootha recupera la conciencia, está cubierta apenas por un manto prestado: la Llama Viva ha preservado su cuerpo de las quemaduras, pero no su ropa. El barro le llega a las rodillas y el olor a agua caliente y roca chamuscada llena el aire. A pocos pasos, Nassari se arrodilla en silencio, exhausto, con el pecho descubierto y las llamas reducidas a un resplandor tenue.
En ese silencio extraño, algo cambia. El decano, que siempre fue una figura casi inalcanzable, se encoge un poco, como si de pronto pesara más el recuerdo de sus propias decisiones. Reconoce el hechizo de Rootha por su nombre, la Llama Viva, lo llama obra maestra y, por primera vez desde la invasión, se disculpa: no solo por las palabras venenosas que lanzó en la Biblioplex bajo control pirexiano, sino también por haberse mantenido ausente desde entonces, como si el problema se arreglara solo con no mirar.
Para Rootha, que ha cargado con la voz de Nassari en su cabeza durante años, escuchar al original admitir que se equivocó no borra de golpe todos los miedos, pero abre una grieta por la que puede entrar algo nuevo: la posibilidad de volver a tener un asesor, un cómplice creativo, alguien que vea en ella no solo el punto débil de un conjuro antiguo, sino la maga que acaba de salvar todo un festival con la obra que jamás se había atrevido a compartir. La Noche de la Llama Viva no solo se convierte en tradición en Summitfest; también marca el momento en que Rootha deja de ser, por fin, prisionera de aquel fallo en la Biblioplex y empieza a escribir el resto de su historia.

