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Secrets Of Strixhaven – Episodio 5: Chandra, Ajani Y El Momento En Que Todo Se Rompe.

En el cráneo del titán, Jadzi revela un nexo que deshace el futuro de Arcavios mientras Chandra llega al límite y está dispuesta a matar al último arcaico.


El quinto episodio de Secrets of Strixhaven arranca con un silencio incómodo que pesa más que cualquier hechizo: Chandra y Ajani descienden por los túneles de Titan’s Grave sin dirigirse la palabra, cada uno atrapado en sus propios fantasmas. Ella mastica frases que no se atreve a decir en voz alta —“me tratas como a una niña”, “¿cuántas veces tengo que demostrarte que tengo razón?”— mientras las migrañas y los recuerdos ajenos de Jace se le clavan detrás de los ojos; él repasa todas las veces que la violencia se le fue de las manos, las guerras que ya no quiere pelear y la imposibilidad de confiar ciegamente en unas visiones que podrían ser obra de Ashiok u otra pesadilla con forma de amigo.

Cuando el pasadizo se bifurca, Chandra elige instintivamente las escaleras de setas que bajan hacia la oscuridad, convencida de que una criatura herida querría esconderse lo más abajo posible… incluso si fue ella quien la quemó. Ajani, que podría ver en la oscuridad sin ayuda, decide callar y seguir la luz del pelo en llamas de su compañera: en esas sombras reconoce ecos de Pia y Jaya, y sabe que forzar la conversación en ese momento solo haría que rebotara contra otra pared.


Dentro Del Cráneo: un arcaico herido, un nexo imposible

Al final de la escalera, la escena desarma cualquier intento de simpleza. En la bóveda del cráneo del titán, un rayo de luz plateada atraviesa la cuenca vacía del ojo como una lanza, trayendo la luna al interior del hueso. Replegado contra la pared, el gigantesco arcaico se encoge de dolor, sus heridas abiertas marcando surcos oscuros bajo la luz, mientras en su mano descansa Oracle Jadzi, aplicando despacio un hechizo de restauración tan fino que incluso Ajani, con toda su experiencia, lo mira con respeto.

A un lado se arremolina lo que parece un snarl, pero no encaja del todo: un nudo de magia cruda donde filamentos chispean con ecos de otros planos —destellos kamigawanos, brillos teranos— como si alguien estuviera destejiendo y volviendo a tejer la trama del tiempo a la vez. Jadzi, sin levantar la vista de su paciente, se adelanta a los pensamientos de ambos Planeswalkers: explica que los arcaicos son oráculos lanzados atrás en el tiempo al morir, obligados a caminar toda la historia de Arcavios hasta convertirse en esas criaturas óseas gigantes… y que este en concreto es el último, el que algún día será el último de su clase.

Lo preocupante, dice, no es solo que esté herido, sino que algo está “borrando” el camino que debería recorrer: el arcaico parpadea dentro y fuera de la existencia, como si a un caminante le cambiaran el suelo justo antes de pisar, sustituyendo roca por vacío. Cada vez que eso ocurre, el futuro de Arcavios cambia de forma que ni siquiera los oráculos pueden predecir; si la línea se rompe del todo, no habrá ni arcaicos ni visiones, solo un plano sin futuro, como apagar de golpe el oxígeno de un fuego.


Jace, La Sospecha Y La Línea Entre Síntoma Y Enfermedad

En cuanto Jadzi pronuncia las palabras “algo amenaza el futuro de Arcavios”, Chandra estalla: para ella no hay duda, se trata de Jace usando al arcaico como pieza central de un plan enorme, el mismo que le dejó la mente hecha trizas en Avishkar. Ajani, que ya no puede negar la gravedad de lo que está oyendo, al menos cede un “es posible”, pero tanto él como la propia Jadzi insisten en que aún no saben el cómo ni el porqué, y que sin esas respuestas “apagar” al arcaico sería atacar el síntoma, no la enfermedad.

Jadzi, con su ironía cansada de profesora, le plantea a Chandra la metáfora que importa: ¿estás dispuesta a tirar por la borda el futuro entero de un plano por la mínima probabilidad de que tu sospecha sea correcta? ¿y si el arcaico no es el plan, sino la víctima? Chandra, temblando entre rabia y agotamiento, apenas puede responder más allá de un “estoy rogándote que te apartes”; cuando Ajani se atreve a decir que, pese a todo, no pueden darle la espalda a Jace tan rápido, ella le recuerda que él no es quien decide quién sigue siendo su amigo y quién no.

Antes de que puedan profundizar más, el nexo golpea: una oleada de energía recorre la bóveda, el arcaico lanza un alarido que parece arrancarles los dientes y por unos segundos todos pierden trozos de realidad, como si alguien hubiera cortado y pegado sus recuerdos en otro orden. Cuando el temblor pasa, Jadzi confirma que estos “tirones” son cada vez más frecuentes y que cada uno reescribe algo del futuro; el nudo de magia crece poco a poco y, al acercarse, Ajani incluso siente por un instante la presencia de su hermano al lado, solo para que desaparezca en cuanto un filamento se disuelve entre sus dedos.


Respirar Juntos, Pensar Juntos… Y La Traición Necesaria

A pesar de todo, Jadzi propone intentar algo diferente a “pegar primero”: que los tres —ella y los dos Planeswalkers— unan fuerzas para estudiar y quizá estabilizar ese nexo, mientras Fel y Vess aportan desde fuera, en lugar de lanzar más fuego a un sistema que ya se está rompiendo solo. Ajani acepta enseguida; mira a Chandra, le ofrece esto como un paso hacia ella, una forma de tomarla en serio sin rendirse al impulso de destruir, y le pregunta si eso es “suficiente avance” como para que acepte no atacar.

Chandra dice que sí, que puede hacerlo, y se suman a un sencillo ejercicio de respiración guiado por Jadzi: inspirar cuatro tiempos, sostener, exhalar, mientras extienden magia hacia las hebras del nexo e intentan ordenarlas como si domaran serpientes luminosas. Por dentro, sin embargo, la piromante sabe que está mintiendo: siente cómo cada pulso del nudo le arranca otro trozo de fuerza, cómo la voz de Jace en el fondo de su mente se hace más insistente, y llega a la conclusión de que si espera demasiado ya no tendrá poder para impedir lo que teme.

En uno de esos pulsos, el dolor la tumba: se le doblan las rodillas, la nariz le sangra, el mundo se dobla a su alrededor y tanto Ajani como Jadzi sueltan el nexo para ir a sostenerla, llenos por fin de la conciencia de que su sufrimiento era real. Para Chandra, ese es el momento: por primera vez en horas, toda la atención está en ella, y al mismo tiempo ella tiene al arcaico justo enfrente, vulnerable y exhausto, reflejando una debilidad que le parece insoportable porque la siente como suya.


El Golpe, El Desvío Y El Verdadero “Punto De Ruptura”

Mientras Ajani le sujeta el hombro y Jadzi intenta incorporarla, Chandra junta en silencio todo el fuego que le queda: en la base de la columna, en el pecho, en la garganta, lo concentra en la palma de la mano derecha y levanta el brazo hacia el arcaico. En su cabeza solo hay una idea fija: “solo puede quedar uno”, o el coloso o ella, y si ese cuerpo gigantesco cae ahora, Jace se quedará sin la pieza clave de su tablero.

Ajani ve la señal un segundo antes de que la magia salga disparada. Sus reflejos de guerrero, y quizá también la memoria de todas las veces que la ha visto perderse a medio hechizo, le hacen actuar sin pensar: baja el hacha en un arco perfecto sobre el antebrazo de Chandra, golpeando con el plano metálico justo a tiempo para desviar la llamarada. El dolor le arranca a ella un grito que ya no tiene nada que ver con la migraña: la bola de fuego se pierde hacia un lateral y abre un agujero del tamaño de un dragón en el cráneo del titán, pero deja intacto al arcaico.

Entonces sí se rompen las palabras contenidas: Ajani brama si está “tan comprometida” con ese camino que prefiere empeorarlo todo antes que aceptar otra vía, insiste en que solo trabajando juntos podrán arreglar algo tan grande, mientras Chandra se pone en pie tambaleándose y le devuelve su propio mantra deformado: que la violencia no siempre es la respuesta, pero cuando lo es hay que ser decisivos. Para ella, matar al arcaico es la única salida lógica; para él, es cruzar un umbral que ya no podrán desandar.

El intercambio final es seco y definitivo. Chandra le dice que si, después de todo lo que han oído y visto, sigue interponiéndose entre ella y el arcaico, pasará “a través de él” si hace falta. Ajani, plantado entre la criatura moribunda y la Planeswalker que alguna vez cuidó como a una alumna, responde que se quedará ahí mientras pueda mantenerse en pie, que el fuego solo puede quemar su carne, no lo que representa. En el interior del cráneo, el nexo sigue latiendo como un corazón enfermo, pero ya no es la única amenaza: dos viejos aliados acaban de cruzar su propio punto de ruptura, y la historia deja a Arcavios colgando de una cuerda en la que ambos tiran en direcciones opuestas.

Blue Hurricane
Blue Hurricane
Cronista, fotógrafo, historiador y artífice.

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